Tabaco y cirugía maxilofacial

El tabaco no solo acorta la vida. También complica nuestra cirugía. En maxilofacial lo vemos cada día. No hace falta repetir los datos de cáncer de pulmón o de enfermedad cardiovascular; esos ya los conoce todo el mundo. Pero hay realidades muy concretas —y muy crudas— que afectan directamente a mi especialidad.

1. El tabaco y la oncología maxilofacial: la parte que no se ve en las campañas

Un gran porcentaje de los carcinomas epidermoides de cavidad oral y orofaringe que operamos están asociados al consumo de tabaco, y en muchos casos, combinado con alcohol. Son pacientes que terminan necesitando cirugías agresivas, resecciones extensas y reconstrucciones microquirúrgicas complejas. Cuando hablamos de “cáncer de boca”, hablamos de personas a las que hay que reconstruir una lengua, un maxilar o un suelo de boca completo… y en la mayoría, el tabaco está detrás.

2. La cicatrización del fumador: hueso seco, encía pobre y más complicaciones

Una simple extracción dental en un fumador no es equivalente a la de un no fumador. El hueso remanente es grisáceo, seco, con nula perfusión sanguínea. Las encías son duras y de mala calidad. El riesgo de alveolitis seca se dispara, y por eso suturamos más de lo habitual, usamos agentes cicatrizantes y reforzamos los cuidados.
Los implantes tienen un mayor riesgo de fracaso. No significa que no los coloquemos, sino que asumimos esa realidad, informamos al paciente y extremamos las precauciones.

3. Cirugía estética facial: límites que no son negociables

En un paciente fumador no es recomendable realizar un colgajo SMAS en un lifting facial tradicional. Incluso para quitar un tumor de parótida modificamos el diseño inicial de la cirugía. El riesgo de necrosis cutánea es significativamente mayor porque la microvascularización está comprometida. Esto no es una cuestión estética: es seguridad.

4. Endolifting y tabaco: menos oxígeno, menos resultado

La calidad del tejido en grandes fumadores condiciona el resultado. En endolifting, donde dependemos de la biomodulación y la respuesta tisular, el tabaco actúa como freno. Los resultados existen, pero son inferiores respecto a un paciente no fumador, y es importante decirlo claramente.

5. El “código de barras” y la piel del fumador: uno de los retos más difíciles

No es solo que el tabaco envejezca la piel: es que el gesto repetido de fumar activa de forma crónica el orbicular de la boca, creando arrugas periorales profundas que son muy difíciles de tratar y casi imposibles de eliminar por completo.
Otros hábitos que imitan ese gesto producen efectos similares, pero el tabaco añade un daño vascular y una pérdida de colágeno que lo agrava aún más.

Conclusión

Fumar no solo “es malo para la salud”. Fumar condiciona el tipo de cirugía que podemos hacer, el resultado que podemos esperar, las complicaciones que hay que anticipar y la forma en la que cicatriza cada tejido.

Para mi día a día el tabaco no es un dato de la historia clínica: es un factor quirúrgico crítico.

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