Cuando el problema no es la papada: la importancia de analizar el perfil antes de tratar
Todos hemos oído hablar de los “hilos para la papada”, de la liposucción cervical, de los tratamientos “sin cirugía” que prometen redefinir la mandíbula. Y no voy a negar que pueden ser útiles, si están bien indicados.
Pero esta semana tuve una valoración que resume a la perfección por qué el verdadero tratamiento no empieza con una técnica, sino con un diagnóstico.
Un varón de unos 30 años acudió a mi consulta pidiendo hilos tensores porque le preocupaba la papada. Había visto imágenes, había leído opiniones, y había asumido que esa era la solución para su problema. Después de escucharlo y examinarlo, le propuse algo muy distinto: hacer un análisis de su perfil. Porque a veces, la papada no es grasa, ni flacidez, ni piel: es anatomía, esquelética y estructural.
Y ahí empezó la conversación importante. Una foto de perfil, eliminas el fondo, y colocas una línea vertical desde la glabela y desde subnasal. Es tremendamente visual y fácil de entender.
No nos miramos el perfil… pero el perfil lo explica todo
Casi todos nos miramos de frente. Es la posición de las selfies, de las videollamadas, del espejo del baño. Pero el perfil cuenta una historia distinta: la del esqueleto, la relación entre sentido de soporte y envejecimiento, la forma en que nuestra mandíbula y nuestro mentón relacionan la cara con el cuello y con la postura.
En su caso, lo que parecía una papada era en realidad una clase II esquelética: una mandíbula retraída respecto al maxilar superior. Ese desequilibrio altera las proporciones del tercio inferior de la cara, empuja los tejidos hacia atrás, y crea el efecto de falta de definición cervical, incluso en personas jóvenes y delgadas.
Lo que pedía: hilos tensores.
Lo que tenía: un problema óseo que no se corrige con hilos.
Clase II esquelética: explicado para pacientes
Una clase II esquelética significa que la mandíbula queda por detrás de donde debería estar por un crecimiento insuficiente. Esto puede ser leve o muy marcado, pero incluso los casos moderados afectan:
La proyección del mentón
La forma del cuello
La estética de la sonrisa
La relación entre labios y dientes
La respiración y, en algunos casos, la vía aérea
La percepción de envejecimiento antes de tiempo
Cuando la estructura ósea es insuficiente, la piel siempre parece “sobrar”, aunque esté tensa. Y no existe tensor que pueda poner en su sitio un hueso que está retraído.
Lo que sí era una solución posible
Le expliqué sus opciones reales, no lo que había venido a pedir:
Cirugía ortognática (tras ortodoncia), que corregiría la causa de fondo.
Mentoplastia de avance, si no quería o no podía realizar un tratamiento completo. Es un tratamiento subóptimo porque no corrige la oclusión, que tiene su importancia.
No hacer nada, pero con la tranquilidad de saber por qué la papada existe y por qué ningún hilo lo solucionará de forma realista.
No intenté convencerle de operarse. Solo le mostré su realidad anatómica con fotografías y análisis. Lo entendió. Se lo va a pensar. Y puede que no se opere. Pero ya sé que no se va a hacer un tratamiento equivocado.
La técnica no es el tratamiento
Esto ocurre cada semana. Pacientes que vienen pidiendo:
hilos para el cuello
ácido hialurónico para mentón
liposucción submental
radiofrecuencia o láser “para tensar”
Y en realidad lo que necesitan es un análisis facial serio y honesto.
Muchas veces no necesitamos más tratamientos. Necesitamos poner el hueso donde tiene que estar. O, si no lo vamos a hacer, al menos saber la verdad antes de gastar dinero en procedimientos que no van a funcionar.
Hilos, sí. Pero cuando toca.
No tengo nada contra los hilos. Los utilizo cuando están bien indicados. Y me gustan. Tengo resultados muy bonitos con ellos.
Pero ponerlos donde no toca solo daña la confianza del paciente, los resultados estéticos y la credibilidad de la medicina estética.
En este caso, hacerle hilos sería fácil, rápido y rentable… pero irresponsable.
Tiene que quedar claro que:
El análisis facial es el paso más importante del tratamiento, no el último.
La papada no siempre es grasa ni piel sobrante.
Cuando la causa es ósea, los tratamientos superficiales no funcionan.
Mirarnos el perfil cambia la forma en que entendemos nuestra propia cara.
Enseñar a entender el análisis facial a un paciente es, a veces, tan satisfactorio como tratarle.
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Te explicaré lo que realmente ocurre en tu cara… y no lo que es más fácil venderte.