¿Quién debería hacer un lifting facial? Una reflexión desde la anatomía
Hace poco coincidí en quirófano con una compañera cirujana maxilofacial que estaba operando un lifting facial junto a un cirujano plástico. Era uno de sus primeros casos como equipo. No se realizó un deep plane lifting porque el cirujano plástico aún no se encontraba cómodo en ese plano.
Recuerdo haberle hecho una pregunta sencilla:
Puede que él no esté cómodo, pero tú, como cirujana maxilofacial, estás exactamente en tu autopista de trabajo.
Ella lo reconoció. Pero el paciente no era suyo. Y no pudo decidir.
Esta escena resume algo que ocurre con demasiada frecuencia en cirugía facial: la percepción del paciente no siempre coincide con la realidad anatómica.
El lifting facial y la elección “automática” del cirujano plástico
Cuando un paciente piensa en un lifting facial, la mayoría acude directamente a un cirujano plástico. Es comprensible. Durante décadas, la cirugía estética se ha asociado casi en exclusiva a esa especialidad.
Y conviene decirlo claro: hay cirujanos plásticos extraordinarios, auténticos referentes internacionales que han redefinido el lifting facial moderno. Yo aprendo de ellos, los sigo de cerca y los respeto profundamente.
Pero una cosa es el liderazgo histórico y otra distinta es la comodidad anatómica real en los planos profundos de la cara.
La anatomía facial profunda: el territorio natural del cirujano maxilofacial
Desde el punto de vista anatómico, los cirujanos maxilofaciales trabajamos de forma cotidiana en los mismos planos que determinan el éxito de un lifting facial moderno.
Tratamos el SMAS cada vez que realizamos una parotidectomía (y, paradójicamente, suele ser la parte más sencilla de esa cirugía).
Abordamos el cóndilo mandibular y toda la región preauricular y parotídea.
Disecamos planos profundos al extirpar tumores cutáneos faciales, reconstruyendo con colgajos como el de Mustardé.
Navegamos entre ramas del nervio facial desde múltiples abordajes: externos, laterales, intraorales.
Accedemos al esqueleto facial de forma rutinaria, con un conocimiento tridimensional que va más allá de la piel y el tejido subcutáneo.
Todo ello lo hacemos respetando estructuras nobles, con un entrenamiento quirúrgico centrado en la función, la simetría y la preservación neurológica.
El deep plane no es una técnica “estética”: es anatomía aplicada
El lifting facial moderno —especialmente el deep plane— no es una técnica superficial ni cosmética. Es una cirugía de planos profundos, de vectores, de comprensión exacta del envejecimiento facial.
Y ahí es donde el cirujano maxilofacial se mueve con naturalidad.
No porque “también haga estética”, sino porque su formación nuclear es la anatomía facial profunda.
No es una guerra de especialidades. Es una cuestión de lógica anatómica
Esto no va de enfrentar especialidades. Va de reivindicar con serenidad una realidad poco explicada al paciente:
El cirujano maxilofacial es uno de los mayores expertos en anatomía facial, tanto funcional como estética.
Que un paciente elija a su cirujano por tradición, por marketing o por costumbre es comprensible.
Que desconozca que existe una especialidad quirúrgica cuyo día a día transcurre exactamente en los planos que determinan un buen lifting facial… eso sí merece ser explicado.
Informar también es parte del acto médico
Como cirujanos, tenemos la obligación no solo de operar bien, sino de explicar bien.
El lifting facial no es solo “tensar la piel”. Es entender la cara como una unidad anatómica compleja, dinámica y profundamente funcional.
Y en ese terreno, los cirujanos maxilofaciales no somos una alternativa menor.
Somos, sencillamente, autoridades naturales en la anatomía facial.